ARTE - MEDIOAMBIENTE 6

Notas sobre la curaduría autoral
José Roca.





La curaduría en el campo artístico es una disciplina
relativamente reciente, especialmente como la entendemos hoy
en día: un acto de creación1. Mucho se ha discutido sobre si
el curador es un artista o si quiere suplantarlo. La verdad
es que esta discusión surge más de las angustias de algunos
artistas que de las intenciones de la mayoría de los
curadores, que nunca se han planteado su labor como una
creación de carácter artístico sino como un ejercicio
creativo a partir del trabajo de los artistas. No he conocido
aún un solo caso en que un curador se autoproclame artista.
Lo primero que debe entender un curador es que su trabajo
sólo es posible gracias a los artistas y no al revés. Un
artista puede existir sin curadores; lo contrario es
imposible.
La figura del curador2 ha existido desde hace tiempo en el
ámbito artístico y su trabajo se realizaba primordialmente al
interior de las instituciones: era aquel que estaba a cargo
del ciudado de una colección3. Pero desde los años 70, a
partir del trabajo pionero de personas como Harald Szeemann,
Walter Hopps, Seth Siegelaub y Pontus Hultén, entre otros,
comienza a entenderse la curaduría como una disciplina con
una dimensión autoral4. Para la curaduría autoral, la
exposición es análoga a un medio -como la pintura, la
escultura o el grabado- y ese medio es la forma de expresión
de las mitologías individuales del curador. Szeemann lo
define de manera contundente: "Con el medio de la exposición
uno puede mostrar una idea personal, biográfica, utópica"5.
Walter Hopps afirmaba que era partidario "de las
presentaciones radicales o arbitrarias; de las presentaciones
que tienen en cuenta factores interculturales e
intertemporales extremos, a partir de todos los artefactos
que tenemos"6. La curaduría autoral se concibe como un ensayo
transmedial, interdisciplinario y a menudo no-cronológico,
en contraste con una aproximacion más convencional a la
exposición entendida como la Historia (lineal) del Arte.
Szeemann es a la vez el paradigma de esta aproximación, y el
ejemplo más extremo; para los curadores de la siguiente
generación, la dimensión puramente autoral es relativizada a
través de una relación de complicidad y diálogo con los
artistas. O sería más exacto decir que esta relación es
explicitada, pues ya existía en el trabajo de Szeemann y sus
contemporáneos. Por ejemplo, para Hou Hanru la curaduría
consiste en plantear una pregunta, y que el artista participe
en tanto en su formulación como en la respuesta con el fin de
que el proceso sea una colaboración7. Para Hans-Ulrich Obrist
el curador es un catalizador, y debe poder desaparecer una
vez que logra poner en escena el trabajo del artista; para
Victoria Noorthoorn, no se trata simplemente de mediar o de
presentar lo que hacen los artistas; en el diálogo con el
artista el curador debe siempre mantener una mirada crítica:
"como todo buen escritor, todo artista necesita de un buen
editor"8.
Curar = seleccionar.
Etimológicamente curar proviene de cuidar, estar a cargo de
algo9. Pero una de sus acepciones contemporáneas es la de
seleccionar; el acto del curador consiste exactamente en eso:
escoger los artistas y las obras que conformarán una
exposición. La definición de los criterios para esa
escogencia es el punto de partida del acto curatorial, pero
es en la mirada particular del curador -y en las relaciones
que logre estalecer entre las obras que selecciona y el
contexto en que realiza su exposición- en donde está la
diferencia entre una curaduría lograda y una que no lo es. Lo
anterior es por supuesto, eminentemente subjetivo. En esta
dimensión cualitativa radica el valor del trabajo curatorial.
Una forma básica de aproximarse al acto curatorial es definir
un marco teórico que permita reducir el universo para hacerlo
más manejable. Si curar es seleccionar, entonces también es
excluir. Cualquier campo, inclusive el artístico, es enorme e
imposible de abarcar; es por eso que se hace necesario
reducirlo a una dimensión razonable que permita actuar sobre
él. Más aún cuando hoy en día es lícito incluir en una
exposición de arte objetos que no pertenecen al campo
artístico, lo cual amplía aún más el radio de acción y las
posibilidades para escoger. La forma más habitual de reducir
el universo es definir un tema, el cual servirá de filtro
para mirar la producción artística de una región, país, o del
mundo entero, según sea el ámbito en que se inscriba el
proyecto curatorial. A modo de ejemplo vamos a imaginar una
exposición llamada Escultoras Santandereanas de la década del
setenta. Este título descriptivo ya establece varios
parámetros para reducir el campo de acción: de género
(mujeres); de medio (escultura); geográfico (una determinada
región de Colombia) y temporal (una década precisa). Pero
ninguno de los parámetros anteriormente citados es
estrictamente restrictivo, ni de su conjunción resulta
automáticamente una curaduría: una vez que se define el
marco, las obras que la conformarán serán escogidas no
solamente por su pertinencia respecto a estos parámetros sino
por su calidad intrínseca y por las relaciones que puedan
establecer con las demás. Y es allí en donde la experiencia,
el conocimiento, y lo que se llama coloquialmente "el ojo"
del curador empiezan a entrar en juego.
Volviendo a la hipotética exposición, aún si el título parece
describir un campo bastante preciso, es en la cualificación
del marco en que comienza a volverse compleja la tarea del
curador: ¿una artista con obra primordialmente bidimensional
pero influyente en el desarrollo de un movimiento escultórico
posterior puede formar parte de la exposición? ¿Alguien que
trabajó esencialmente en la década anterior puede ser
incluída como precedente histórico? ¿Una escultora venezolana
que trabajó con sus pares al otro lado de la frontera debería
ser tenida en cuenta a pesar de no ser colombiana? Estas y
muchas otras preguntas comenzarán a aparecer en el desarrollo
del proyecto curatorial que tomamos como ejemplo. Las
respuestas sólo pueden provenir del curador, que debe tomar
decisiones, sustentarlas, y estar dispuesto a defenderlas: es
para esto que se firma una curaduría. Pero, como se dijo
antes, aún si hay un marco muy preciso, el universo sobre el
cual actuar seguirá siendo muy amplio. Una curaduría no
consiste en reunir todas las obras que estén dentro de los
parámetros definidos (en este caso, todas las esculturas
realizadas por mujeres en los setentas en Santander); la
labor del curador consiste en mirar con detenimiento este
universo reducido -valga el oxímoron- para determinar cuales
obras de qué artistas tienen la mayor calidad y pertinencia,
y establecer un diálogo entre ellas que resulte en una
experiencia estética e intelectual significativa para el
público visitante.
Curar = negociar
El primer aspecto que debe abordar un curador es establecer
el qué, el porqué y el para quien de la exposición que piensa
curar. En algunos casos esto ya está definido, como cuando se
le pide que realice una exposición de un artista en
particular, o que cure una bienal en un sitio dado. La
mayoría de los proyectos de los llamados curadores
independientes surge de encargos específicos de las
instituciones, así que la noción de independencia es
relativa, y se refiere más a no trabajar directamente para
una institución en particular que a la voluntad de realizar
un proyecto de manera independiente y luego buscar un lugar
para exhibirlo. Pero no hay que aceptar los parámetros
institucionales como si fueran inamovibles: hay siempre una
posibilidad de negociación.
La siguiente decisión es el cómo: hay que definir desde el
inicio los aspectos prácticos de la exposición, pues ellos
determinarán las condiciones reales de posibilidad del
proyecto curatorial: espacio, presupuesto, equipo de apoyo,
recursos técnicos, etc. Una curaduría no es un ensayo textual
que se puede ilustrar con las obras que mejor ayuden a
comprender el sentido del mismo, sino un ensayo visual y
espacial que se conforma a partir de las obras que están
disponibles. De nada sirve realizar una lista ideal de obras
si no hay la posibilidad de tenerlas para la exposición, por
razones de presupuesto, disponibilidad, o cuestiones
prácticas como tamaño, fragilidad o complejidad técnica. En
esto la curaduría debe ser como la política: hacer lo mejor
posible con los medios disponibles10. Este principio de
realidad no tiene porqué ser restrictivo y coartar la
libertad creativa; siempre hay maneras de presentar un
argumento cuando la obra "ideal" no puede ser presentada por
cualquiera de las razones anteriormente invocadas. Las
mejores decisiones curatoriales surgen precisamente de las
restricciones y dificultades de orden práctico, que obligan
al curador a imaginar soluciones creativas que se salen del
marco habitual. La curaduría es una ecuación en donde la suma
de todas las obras es más grande que cada obra entendida en
su individualidad: la fricción crítica es el suplemento que
se crea por el diálogo, la yuxtaposición, la oposición y la
complementariedad de las obras escogidas.
Curar = relacionar
Como se dijo anteriormente, curar es seleccionar. Pero no es
sólo esto: curar es también poner en relación lo escogido. Se
trata de crear un texto polisémico que, aún si tiene una
intención más o menos precisa -lo que el curador quiere
decir- puede ser leído de muchas maneras distintas por el
público. Una curaduría mal planteada puede terminar siendo
didáctica o conductista, cerrando las posibilidades de
lectura de una obra o conjunto de obras al reducirlas a ser
meras ilustraciones del discurso curatorial.
En toda exposición hay una tensión entre la experiencia
directa de la obra por parte del público, y la interpretación
de lo que se presenta. Especialmente en contextos
institucionales, cuya misión es la educación de la mirada y
la formación de público, existe el imperativo de proveer
herramientas para interpretar. Las ayudas interpretativas más
usuales son los textos de pared, las fichas técnicas
extendidas y las visitas guiadas. En algunos museos y eventos
se realizan además materiales didácticos especializados
específicamente concebidos para la exposición. Es siempre
preferible un poco de sobredeterminación -generada por un
contexto interpretativo explicitado- a una situación en la
cual el público no logra leer la intencionalidad de la
curaduría: debe existir una ética de la inteligibilidad. El
curador tiene el deber de hacer que su discurso sea claro, y
al mismo tiempo debe dar el espacio para que la curaduría no
se torne demasiado literal. Pero a veces se tiende a olvidar
que el arte es una forma no-racional de aprender -pues
contiene un enigma que se resiste a la interpretación- y que
es allí en donde radica su potencia. El museo siempre trata
de facilitar la relación entre el arte y el público
proponiendo mecanismos que ayuden a comprender lo que está
siendo presentado. Pero el arte es en si mismo una instancia
de conocimiento: también se aprende con los sentidos. En
ocasiones, uma imagen vale más que mil palabras, un sonido
vale más que mil imágenes, y un aroma vale más que mil
sonidos. No sabemos cual será el dispositivo que desencadene
los procesos de conocimiento11.
Curar = escenificar
La curaduría es un ensayo que se construye en el espacio; es
decir, un proyecto curatorial no puede ser simplemente una
lista de artistas y obras, sino una serie de relaciones entre
las obras escogidas, entre estas y el espacio en que se
despliegan, y entre las obras, el público y el recinto que
los contiene. La curaduría es indisoluble de la museografía,
que debe estar a su servicio. Pero la concepción del espacio
y el recorrido forma parte de la labor del curador, en
diálogo con los artistas implicados; el rol del museógrafo es
más técnico que conceptual, y debe apoyar las decisiones
curatoriales. Toda exposición es una puesta en escena, y en
este sentido implica una dramaturgia. El curador, en este
sentido, tiene un rol análogo al del director o el metteuren-
scéne en el teatro. Tanto el recinto expositivo como el
teatro muestran una obra para un público, sólo que en el
teatro los espectadores (usualmente) están inmóviles. Una
exposición no es una lista de obras o artistas, sino una
experiencia corporal: la forma como se da esta experiencia en
el espacio debe ser estudiada. ¿Por donde entro? ¿Que veo,
que oigo? ¿Cual es el remate visual de cada movimiento? Una
exposición memorable se concibe en la mente, se compone en el
espacio, y se experimenta con el cuerpo12.

 

1 Al respecto se pueden consultar mis textos Curaduría crítica (http://www.universes-inuniverse.
de/columna/col16/col16.htm), Curar el museo
(http://www.esferapublica.org/archivox0.htm), Bienalidades
(http://bienalmercosul.art.br/blog/bienalidades/) y Duo-decálogo
(http://bienalmercosul.art.br/blog/wp-content/uploads/duodecalogo.pdf).

 

2 Con plena conciencia de la incorrección política con respecto al género y con fines de
legibilidad, utilizaré la palabra en masculino para no llenar el texto de aclaraciones como
Curador(a) o, peor aún, l@s curador@s, etc.


3 Muchos curadores institucionales son los conservadores de las colecciones: personas
expertas en una rama específica del saber, que ciudan de una colección, la estudian y la
exhiben.


4 En los últimos años se ha conformado una extensa bibliografía sobre el tema, resultado en
parte de la profusión de programas de estudios curatoriales en todo el mundo. Para escuchar
la voz de los pioneros de esta disciplina vale la pena ver los libros de entrevistas a
curadores realizados por Carolee Thea, Foci: interviews with ten international curators
(Nueva York: Apexart, 2001), y Hans Ulrich Obrist, Breve historia del comisariado (Madrid:
Exit, 2010).


5 Szeeman, Harald, en Thea, Carolee, op.cit., p.21. El término mitologías individuales,
usado en Documenta 5, y su complementario museo de las obsesiones son conceptos acuñados por
Szeemann, para quien la única posición ética del curador contemporáneo consiste en presentar
su muy personal visión del arte.


6 Hopps, Walter, en Obrist, Hans-Ulrich, op. cit., p.37.


7 Op.cit., p.29.


8 En Curaduría en las artes plásticas: arte, ciencia o política?
(http://www.elbasilisco.com/archivos_pdf/pensando_6.pdf)


9 Del latín curātor, -ōris: Que tiene cuidado de algo. Persona elegida o nombrada para
cuidar de los bienes o negocios de un menor, o de quien no estaba en estado de
administrarlos por sí. Diccionario de la lengua española. En el campo artístico, el término
curador proviene del medio museal anglosajón, en donde se utiliza la palabra curator. En
países como Francia y España se utiliza la palabra comisario, que implica estar a cargo de
un proyecto más no tiene la dimensión autoral que tiene el concepto de curaduría hoy en día.


10 En mi condición de director de Artes del Banco de la República organicé innumerables
exposiciones curadas por curadores externos, y siempre me sorprendió que muchísimos de ellos
entendían la curaduría como una lista ideal de obras y no prestaban atención alguna a
cuestiones obvias como si las obras cabían o no en el espacio disponible, si los
propietarios estaban dispuestos a prestarlas, o inclusive desconocían el paradero de las
obras que incluían en sus listas.


11 Duo-decálogo, op. cit. Este texto fue escrito originalmente para el blog de la 8 Bienal
de Mercosul, que se realizó en Porto Alegre, Brasil, del 9 de septiembre al 15 de noviembre
de 2011. Hace una referencia irónica al famoso "Dogma 95" que orientó la práctica del cine
autoral danés de la década pasada.


12 Duo-decálogo, op. cit.